El don de la palabra

Vuelve Marisa Peña a escribir para Los Tiempos Modernos. En esta ocasión con una declaración de amor que viene a representar los sentimientos de todos los miembros de este blog: el amor a la palabra.


“(…)Se llevaron el oro y nos dejaron el oro... Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras”.

Pablo Neruda.

Las palabras tienen vida propia. No sólo significan: son. Nombran la realidad y se apropian de ella, la llenan de matices, de luces y de sombras. Son más verdad que el propio referente al que señalan. Se pronuncian, se escriben, se piensan. Se enlazan unas a otras formando tejidos únicos e irrepetibles. Sus combinaciones son un caleidoscopio inabarcable. Se agrupan entre ellas formando familias léxicas si comparten una misma raíz, una especie de ADN lingüístico que las hermana, o agrupaciones semánticas que, desde la connotación o la denotación, buscan puntos comunes de significado, ya sea recto o figurado, ya sea en el campo del uso social o en ámbito del uso individual o estilo. Así, conocemos palabras y las utilizamos en un determinado contexto, y no podemos imaginarnos que otros grupos de hablantes, incluso una persona por sí sola, las utilice de otra forma, con otro sentido.

La lengua es convención. Si no fuera así no podríamos comunicarnos y establecer un lugar común que nos permita intercambiar información veraz y comprensible. Pero si nos apartamos de ese uso formal y social, las palabras tiene una vida secreta, y se disfrazan, se trasgreden a sí mismas, se maquillan, se liberan, se abrazan en uniones imposibles, intensifican su significado o se recomponen con nuevas y desafiantes terminaciones. Las palabras saben que tiene una vida común, necesaria, con una importante labor de servicio público. Gracias a ellas nos comunicamos, nos entendemos, nos relacionamos unos con otros. Mas no por eso renuncian a su otra vida, la que las permite brillar en todo su esplendor: y son palabras pájaro, palabras mariposa, palabras de seda o de marfil, palabras de humo y sombra, palabras de ceniza, palabras de barro, de pútrido fango, de daga mortal, de aliento helado...

Usar las palabras no es cualquier cosa, no es sencillo dar forma al pensamiento, transmitir, evocar, o dejar algo muy claro no es nada baladí. La palabra es un arma poderosa, habita en el silencio y se materializa en la escritura o en el habla. "Por sus palabras los conoceréis..." podría haber sido un adagio sagrado, porque si queremos conocer a alguien no hay nada mejor que escucharle, que leerle, que escudriñar sus silencios.

La palabra es conocimiento, descubrimiento, vida. Y por eso yo, como otros muchos, amo tanto la palabra y no puedo por menos que agradecer cada día que ese don prometeico nos fuera entregado: la luz y el verbo, el fuego y la palabra. Porque no importa qué nos quiten, o de qué cosas materiales nos despojen siempre que, después de todo, nos dejen las palabras, y, claro está, el derecho a utilizarlas libremente.

Marisa Peña.

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Mujeres en las ventanas

Hoy, día 1 de septiembre, podemos decir que se acabó el verano. Eso significa muchas cosas, entre otras que vuelve Los Tiempos Modernos. De modo que, aparte de un merecido descanso, este verano hemos reformado un poco la estructura del blog. Básicamente contamos con nuevas incorporaciones en la redacción (que irán descubriendo conforme se vayan publicando sus artículos), y un nuevo sistema de publicación de entradas (más sencillo que el anterior).

De tal forma que, para reincorporarnos, iniciamos este nuevo trayecto con el primer artículo de nuestra nueva colaboradora Marisa Peña, Mujeres en las ventanas. Esperamos que os guste.


"Pocos han reparado en la significación que la ventanera tuvo entonces y ha tenido siempre para la mujer recluida en el hogar, condenada a la pasividad y a la rutina. ¿Quién puede, sin embargo, ni ha podido nunca negarle a la mujer el consuelo de mirar por la ventana y de sacarle partido a los ensueños y meditaciones que puede acarrearle esta tregua en las tareas que tantas veces siente como agobiantes e insatisfactorias? La ventana es el punto de referencia de que dispone para soñar desde dentro el mundo que bulle fuera, es el puente tendido entre las orillas de lo conocido y lo desconocido, la única brecha por donde puede echar a volar sus ojos, en busca de otra luz, otros perfiles que no sean los del interior, que contraste con éstos".(...)

"Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos”
Carmen Martín Gaite, Desde la Ventana

Pienso ahora, desde esta libertad en la que habito, cuántas mujeres soñaron esto de lo que yo ahora gozo: la libertad de ser, de amar, de respirar acaso...

Mujeres que vivieron entre rejas, en claustros, en cocinas, en palacios; que se refugiaron en un mundo propio, en el calor de aquellos hijos que un día se alejarían, en la magia de las fuentes y los ríos, en los ciclos que marcaban estaciones, en el olor a puchero, a mermelada o a ropa limpia tendida al sol.

Mujeres que la historia silenció, que lloraron la pena de no poder ser ellas, que improvisaron su libertad, que se supieron un día dueñas de su destino y de su sombra, dueñas de sus propias decisiones, con derecho a elegir y a equivocarse.

Mujeres caminando, decididas, sin miedos, sin reservas, iguales y distintas. Mujeres de luz, de sombra, de viento, de agua, de humo o de barro; forjadas en las guerras y en las treguas, en las victorias y en las derrotas, en las trincheras y en las cocinas, en la maternidad y en las escuelas, en los hospitales y en las fábricas, en las oficinas y en los campos arados, entre libros o entre fogones.

Mujeres que se buscaron y se encontraron en sus propias contradicciones; que recorrieron un sendero difícil para poder ser y vivir sin renunciar a nada. Mujeres que son madres, esposas, hermanas, amigas, amantes, hijas, abuelas, vecinas, compañeras de viaje o de trabajo. Mujeres nada más, y nada menos...

Porque por mucho que algunos se empeñen en cortar las alas de los pájaros, nunca podrán arrebatarles su voluntad de volar.

Marisa Peña.

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Ropa tendida al viento, nuevo poemario de María Luisa de la Peña

En Los Tiempos Modernos solemos -muy a menudo- estar de enhorabuena por lo que acontece en nuestro blog. Pero también nos alegramos de lo que sucede en los de nuestros amigos. Nuestra compañera de viaje, Marisa Peña, nos trae una buena nueva: Ropa tendida al viento. Se trata de un poemario que próximamente verá la luz pero del que ya podemos disfrutar gracias a internet. Y en el que nos regala poemas como el siguiente:

Ya no quedan vestigios de los últimos besos,
se apagaron las luces que llevan a tu puerta,
no hay carteles que indiquen el nombre de tu calle,
ni lluvia que nos moje bajo los soportales.

Ya no subiré nunca aquella vieja cuesta.
No marcaré tu número, ni escribiré tu nombre,
ni perderé autobuses, ni calmaré tu llanto,
ni abrazaré tu sombra en las noches insomnes.

Pero, a veces, la brisa me traerá tu recuerdo
y llevará mi voz hasta donde te halles,
y sentirás un roce de caricias antiguas,
y un sabor en los labios de una boca olvidada.

Y entonces, sólo entonces, recordaremos todo:
los nombres,
los teléfonos,
la lluvia,
los abrazos...

Y entonces, sólo entonces, podremos olvidarnos.
Podemos disfrutar del libro al completo descargándolo aquí.

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