Poco a poco retomamos el ritmo tras el período vacacional y es en esta ocasión Eugenio Villar quien se sube de nuevo al carro de Los Tiempos Modernos para reflexionar rápidamente sobre el estado de la industria discográfica y su devenir en los últimos tiempos:
Esta noche quiero expresar mi profunda decepción y desilusión en relación a la industria "del disco". Yo, un romántico musical, de los que ya no quedan, de los que tiene aún el coraje de dirigirse a cualquier centro comercial, tienda... para comprar música. Hace un par de días, tras una escucha del que me resulta más que soberbio disco de Pereza "Aviones", hice lo que hoy con una perspectiva distinta lo veo como un acto de valentía: intentar comprar un cd de música en la ciudad de Almería.
No es que resulte exagerado, ni mucho menos. Es más, invito a todo almeriense a que lo pruebe: toda una experiencia inolvidable. No hay vez que no tenga que sudar a borbotones, pensándolo mejor, la próxima vez ni me muevo. Soy un gran amante de la música -esto ya supongo lo han averigüado al leerme de vez en cuando- y diciéndolo rápido, no me tiemblan las piernas cuando un LP me pone la piel de gallina y así decido comprarlo. Así me pasó con "El incendio", del ya histórico grupo indie barcelonés Sidonie, y con "Aviones", como ya he dicho anteriormente, de los madrileños Pereza. De Sidonie en cierto modo lo esperaba, no es la primera vez que un disco que por lo general no es comercial ni siquiera llega a las tiendas almerienses, pero de Pereza no. En Carrefour sólo podía rebuscar entre montañas de cds Jonas Brothers, Hannah Montana, Triunfitos y sucedáneos de todos ellos mezclados, sin olvidar las recolecciones de recolecciones de Michael Jackson (OMG) o discos de hace 15 años a 4 € (lo único que de vez en cuando puede llegar a merecer la pena). En Urende, ni eso: no había cds, sólo dvds. Esto me provoca profunda tristeza, sinceramente. Todos intuíamos de lejos la desaparición del formato disco, pero, ¿con tal velocidad? ¿pasará la industria del disco a llamarse industria del mp3? La verdad que los últimos que ví editarse no eran ni de calidad, hasta ellos mismos perdieron las fuerzas. Supongo que esto pasa en ciudades más pequeñas porque ya no merece la pena comercializar discos para tan pocos compradores, y que en ciudades grandes esto no ocurre aún. La verdad, por fin viví en mis propias carnes el rastro de la piratería y su crudeza. Afortunadamente, se come a la presa del formato, y no de la música, que aunque sea silbada en el viento siempre va a llegar a nuestros oídos, y que sigue tan viva y con unas ganas descomunales de seguirlo haciendo. Muchos músicos ya se han posicionado editando sus álbumes en vinilo, algo que empiezo a no ver nada descabellado: algo bonito, hecho con cariño para los que todavía creen en la música como un producto cultural. Por ahora, sigo a la expectativa, pero ya me he dado cuenta de que los freaks y extraños somos los que compramos música, que somos una especie que desaparece. Una especie de lunáticos enamorados.
No es que resulte exagerado, ni mucho menos. Es más, invito a todo almeriense a que lo pruebe: toda una experiencia inolvidable. No hay vez que no tenga que sudar a borbotones, pensándolo mejor, la próxima vez ni me muevo. Soy un gran amante de la música -esto ya supongo lo han averigüado al leerme de vez en cuando- y diciéndolo rápido, no me tiemblan las piernas cuando un LP me pone la piel de gallina y así decido comprarlo. Así me pasó con "El incendio", del ya histórico grupo indie barcelonés Sidonie, y con "Aviones", como ya he dicho anteriormente, de los madrileños Pereza. De Sidonie en cierto modo lo esperaba, no es la primera vez que un disco que por lo general no es comercial ni siquiera llega a las tiendas almerienses, pero de Pereza no. En Carrefour sólo podía rebuscar entre montañas de cds Jonas Brothers, Hannah Montana, Triunfitos y sucedáneos de todos ellos mezclados, sin olvidar las recolecciones de recolecciones de Michael Jackson (OMG) o discos de hace 15 años a 4 € (lo único que de vez en cuando puede llegar a merecer la pena). En Urende, ni eso: no había cds, sólo dvds. Esto me provoca profunda tristeza, sinceramente. Todos intuíamos de lejos la desaparición del formato disco, pero, ¿con tal velocidad? ¿pasará la industria del disco a llamarse industria del mp3? La verdad que los últimos que ví editarse no eran ni de calidad, hasta ellos mismos perdieron las fuerzas. Supongo que esto pasa en ciudades más pequeñas porque ya no merece la pena comercializar discos para tan pocos compradores, y que en ciudades grandes esto no ocurre aún. La verdad, por fin viví en mis propias carnes el rastro de la piratería y su crudeza. Afortunadamente, se come a la presa del formato, y no de la música, que aunque sea silbada en el viento siempre va a llegar a nuestros oídos, y que sigue tan viva y con unas ganas descomunales de seguirlo haciendo. Muchos músicos ya se han posicionado editando sus álbumes en vinilo, algo que empiezo a no ver nada descabellado: algo bonito, hecho con cariño para los que todavía creen en la música como un producto cultural. Por ahora, sigo a la expectativa, pero ya me he dado cuenta de que los freaks y extraños somos los que compramos música, que somos una especie que desaparece. Una especie de lunáticos enamorados.
Eugenio Villar.



